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Este Pequeño psicoanálisis del dinero ilumina sobre la fuerza inconsciente de la economía. La mayoría de los economistas contemporáneos tiene una extraña representación del hombre: este, en los intercambios económicos, es un ser autónomo, totalmente independiente de la mirada de los otros, sin celos ni envidia, razonable y racional, dueño de sus deseos, y para el que su única expectativa es el bienestar individual. Desde esta perspectiva, el lenguaje no es más que un intercambio de informaciones utilitarias, y la moneda una facilitación del trueque. La teoría psicoanalítica, por inconsistente y cambiante que sea, tiene por lo menos el mérito de poner en el centro de la reflexión el enigma nunca resuelto del deseo humano. Incluso cuando está en el corazón del mercado, cuando vende, compra, atesora o despilfarra, el hombre no es ni independiente ni racional. -
¿Qué sucede con el pensar cuando se ha puesto a la naturaleza al borde del colapso y la sociedad se halla en el abismo de la desigualdad? El pensamiento crítico es interpelado ¿Cesó su potencia, esa capacidad de intervenir, de hacer venir lo que remedia? Aparece, subsiste como débil potencia entre los débiles, perdura bajo el peso de la facticidad, con frustraciones sin cicatrizar. Aun así, en esta atmósfera tóxica, busca aire fresco, alienta la búsqueda. Mientras todo prosigue hacia lo peor. Al parecer, no hay crítica capaz de torcer esa dirección. Se ratifica la devastación. Hasta los mandatos se ratifican. Has de cambiar la vida. Has de transformar al mundo. Pero la vida se encuentra dañada. Y la naturaleza arde. -
Cuando el siglo pasado tocaba a su fin y se aguardaba la llegada de un nuevo milenio, Jacques Derrida denunciaba que un acto de denegación estaba en curso: aquel que pretendía neutralizar la necesidad espectral. Este brillante libro de Gabi Balcarce surge de la exigencia crítica, es decir, también deconstructiva y responsable, de pensar la espectralidad junto a la hospitalidad en una coyuntura histórica que ya no es la de Derrida sino la de un milenio que apuesta por un posthumanismo para la filosofía y la política del ser-con-otrxs. Dos desafíos que se presentan, entonces, en una convergencia. Por un lado, estudiar la espectralidad, distinta del tradicional Espíritu reivindicado por la tradición metafísica, en la obra de Derrida, significa cuestionar todos los naturalismos y dar lugar a la plasticidad de un concepto que permite desmontar la primacía de lo humano. -
Postsoberanía. Literatura, política y trabajo nos lleva un paso más allá en la búsqueda de lo que Foucault llamó una ontología del presente. En un diálogo implícito con recientes desarrollos que exploran el lugar de la cultura, la post-hegemonía, la razón imperial o, lo que refiriéndose a la hegemonía del capital, Cabezas denomina postsoberanía, el autor demuestra con brillo y contundencia que la ligazón soberana ha sido la fundación última de nuestro presente. Y si bien ese presente hoy se resquebraja bajo nuestros pies, este libro nos recuerda que otras modalidades de existencia estuvieron desde siempre socavando su autoridad. Tres de estas modalidades aparecen ejemplarmente articuladas en su implicación de una historia a la vez universal y latinoamericana bajo los nombres de literatura, política y trabajo. -
Las nociones de “humano” y de “sujeto” con las que operan las “humanidades” están en cuestión y crisis desde hace mucho tiempo. No solo la idea de la muerte de Dios, es decir, de todo principio arkhico fundacional, incluido el sujeto, ha puesto en jaque a la filosofía desde la segunda mitad del siglo XIX, sino que con el avance de la revolución industrial un fantasma comenzó a asediar a las humanidades, el fantasma de lo maquínico. Si consideramos que la noción de “humano” se gesta básicamente a partir de la exclusión, diferencia, límite con lo animal, podríamos señalar que, en la época de lo posthumano, reaparecen y nos revisitan los fantasmas de la máquina y de lo animal. -
El crimen solo atañe al ser humano, que lleva en sí una culpabilidad y el sentido moral de lo que es o no es necesario, incluso antes de haber cometido la menor falta. El crimen crece con él, hasta adoptar proporciones espantosas. ¿Cuál es la causa de esta suerte de maldición? El psicoanálisis pone en primer plano del deseo inconsciente el parricidio y el incesto, otorgando el primer lugar en el orden de causalidad a la angustia del incesto, al parricidio y a la criminalidad que son sus consecuencias. La raíz infantil del crimen permanece inconsciente y “reprimida”. No se quiere saber nada con el deseo incestuoso. Este libro trata acerca de la angustia del incesto maternal, el trauma sexual del incesto paternal y por último del incesto con la hermana, el más desconocido, que será objeto de una atención particular. Examina, finalmente, las consecuencias criminales que no son más que una lente de aumento de una culpabilidad siempre en obra. -
…inscribamos sin decir palabra la leyenda, en grandes caracteres monumentales, mayúsculas o minúsculas indistintas (regresando todo a la lengua, lo propio y lo común), inscribamos el acontecimiento de lengua sobre la estela (por tanto, sin puntuación), inscribamos la chance, de un tirón, sobre una piedra (ella nos esperará), sobre una mesa (él la dispone para comer, vertical), por lo tanto, sobre un cuadro ofrecido (expuesto) a la esponja, lo siguiente: ESPONJEAR DE ACÁ EN MÁS A PARTIR DE ÉL PERO QUE SABE A PARTIR DE HOY Y DE MÍ QUERRÁ DECIR EN LA LENGUA FRANCESA O MÁS BIEN REFRANCESADA COLONIZADA UNA VEZ MÁS DESDE LOS BORDES DEL MEDITERRÁNEO MARE NOSTRUM ESPONJEAR HABRÁ QUERIDO DECIR YA LAVAR LIMPIAR APROPIAR BORRAR POR LO TANTO POR EJEMPLO EL NOMBRE DE PONGE PERO TAMBIÉN CUMPLIR CON UNA ORDEN DE PAGO INSCRIBIR EL NOMBRE DE LOS PONGE FIRMAR PONGE FIRMAPONJEAR MARGINAR/FIRMAR AL MARGEN EN NOMBRE DE PONGE -
Mucho antes de la afirmación de los feminismos “post-humanistas”, Beauvoir advertía sobre la estrecha vinculación entre la humanidad y lo masculino: “la humanidad es masculina y el hombre define a la mujer”. Advertencia crítica que no hace sino ahondar en una ya antigua querella: el feminismo no es una “comunidad de mujeres”. O, dicho en otras palabras, el feminismo no es un humanismo. Lejos de las corrientes utilitarias, que señalan que el feminismo siempre ha sido una forma política para la consecución de ciertos fines prácticos que calzan plenamente con la idea de “individuo” de la tradición liberal, el feminismo busca la transformación de la política moderna y no su adecuación. -
Los problemas inherentes al modelo republicano tradicional parecen agravarse para una América Latina inmersa en la globalización financiera y sus diversos mecanismos de acumulación, dejando en evidencia que las formas históricas de organización de la sociedad han quedado subsumidas al proceso de valoración capitalista, exponencialmente competitivo y globalmente articulado. La producción capitalista que ha sido históricamente destructiva se muestra ahora, a diferencia del siglo XIX y gran parte del XX, como un proceso sin mediaciones ni contrapesos, cuestión que desoculta los secretos del viejo orden liberal: la complicidad entre guerra y acumulación moderna; el estado de excepción como regla de un derecho que se auto-inmuniza de la violencia subalterna (de la vida precaria), inoculando en ella la violencia mítica de la ley; el pacto social como garante de la propiedad y los privilegios del hombre privado, pero no sólo del hombre abstracto que Marx criticó como límite del imaginario burgués, sino de las corporaciones como instancias transnacionales de derecho privado que monopolizan la condición soberana de la excepción. -
DESOLACIÓN La bruma espesa, eterna, para que olvide dónde me ha arrojado la mar en su ola de salmuera. La tierra a la que vine no tiene primavera: tiene su noche larga que cual madre me esconde. El viento hace a mi casa su ronda de sollozos y de alarido, y quiebra, como un cristal, mi grito. Y en la llanura blanca, de horizonte infinito, miro morir inmensos ocasos dolorosos. ¿A quién podrá llamar la que hasta aquí ha venido si más lejos que ella sólo fueron los muertos? ¡Tan sólo ellos contemplan un mar callado y yerto crecer entre sus brazos y los brazos queridos! Los barcos, cuyas velas blanquean en el puerto vienen de tierras donde no están los que son míos; sus hombres de ojos claros no conocen mis ríos y traen frutos pálidos, sin la luz de mis huertos. Y la interrogación que sube a mi garganta al mirarlos pasar, me desciende, vencida: hablan extrañas lenguas y no la conmovida lengua que en tierras de oro mi vieja madre canta. Miro bajar la nieve como el polvo en la huesa; miro crecer la niebla como el horizonte, y por no enloquecer no cuento los instantes, porque la noche larga ahora tan sólo empieza. Miro el llano extasiado y recojo su duelo, que vine para ver los paisajes mortales. La nieve es el semblante que asoma a mis cristales: ¡siempre será su albura bajando de los cielos! Siempre ella, silenciosa, como la gran mirada de Dios sobre mí; siempre su azahar sobre mi casa; siempre, como el Destino que ni mengua ni pasa, descenderá a cubrirme, terrible y extasiada. -
¿Qué sucede si se intenta pensar, hasta las últimas consecuencias, sin la fábula de sujetol ¿Cómo sería la vida sin las ideas de .ser, identidad, sí mismo, psiquismo?, ¿cómo sería sin relaciones de propiedad (mi cuerpo, mi pensamiento, mi vida) y sin relaciones de atribución (heroico, seductora, psicótico)?, ¿cómo serían las proximidades y distancias entre dos, tres, veinte, miles, sin la idea de unidad? Este libro desea cuestionar la idea de sujeto o partir desde esa fábula hasta alcanzar un punto en el que ya no sea posible el regreso. -
Este libro mantiene con sujeto tabulado I notas relaciones de cercanía y complicidad, sin pretender continuar algo iniciado. Figuras nombra afecciones, pasiones, enunciaciones históricas, ausencias que apaciguan angustias y desdichas. Las figuras, que insinúan fantasmas que nos gozan, se presentan como argumentos que succionan fuerzas de una existencia, a la vez que abrazan su fragilidad. Una astucia de la sujeción consiste en presentarse como libertad y difundir la contaminación propietaria: el hablante siente como posesión aquello que lo posee.