Catálogo

  • La crítica conserva un aura. Tiene que ser purísima. Pero esa pureza no aparece como una abstracción sino como algo concreto, incluso como lo más concreto y en cierto modo lo más cortante, filoso. La crítica ya hizo hábito el repudio a lo que ata, a la regularidad, la servidumbre voluntaria. Hábito, eso que hace al sacerdocio. Si religión significa releer, la religión de la crítica practica la relectura disidente, el dogma de la heterodoxia. El crítico habita en esa habitación en crisis, la pone en crisis. Tal hogar no cesa de trabajar en la ecología de la crisis y la critica. Tampoco cesa de desviarse del hábito curvando espacios, partiendo temporalidades, dejando hábitos y hogares, reescribiendo con lengua afilada. La escritura crítica no oculta su pertenencia a concepciones expresivas. La crítica escribe, responde a un mandato, y hace un uso prescriptivo del lenguaje. Escribir, acción realizativa, astillamiento de temporalidades internas a cada campo de intervención crítica. Cambiante caleidoscopio de explicaciones, giros de atenciones sin modos de resolver.
  • Pocos trabajos abordan, con intención comparativa, la irrupción, los triunfos electorales y los experimentos gubernamentales de las fuerzas protofascistas —de claro carácter reaccionario, ultraliberal y antidemocrático— en Brasil y Argentina. El ensayo de Javier Lifschitz es uno de ellos, y lo hace centrándose en las complejas relaciones entre la memoria política, las políticas de la memoria y los sujetos que construyen y luchan por esas memorias. El autor también investiga las condiciones materiales, discursivas y subjetivas que posibilitaron la emergencia y la permanencia de las extremas derechas. La tesis que sostiene señala los serios riesgos de desmontaje de las memorias políticas construidas durante las transiciones y las democracias posdictatoriales, que parecían consolidadas como parte de los consensos políticos de ese período. Un ejemplo es la lucha por la memoria, la verdad y la justicia de los movimientos de derechos humanos frente a los abyectos crímenes cometidos por el terrorismo de Estado.
  • Este libro mantiene con sujeto tabulado I notas relaciones de cercanía y complicidad, sin pretender continuar algo iniciado. Figuras nombra afecciones, pasiones, enunciaciones históricas, ausencias que apaciguan angustias y desdichas. Las figuras, que insinúan fantasmas que nos gozan, se presentan como argumentos que succionan fuerzas de una existencia, a la vez que abrazan su fragilidad. Una astucia de la sujeción consiste en presentarse como libertad y difundir la contaminación propietaria: el hablante siente como posesión aquello que lo posee.
  • ¿Qué sucede si se intenta pensar, hasta las últimas consecuencias, sin la fábula de sujetol ¿Cómo sería la vida sin las ideas de .ser, identidad, sí mismo, psiquismo?, ¿cómo sería sin relaciones de propiedad (mi cuerpo, mi pensamiento, mi vida) y sin relaciones de atribución (heroico, seductora, psicótico)?, ¿cómo serían las proximidades y distancias entre dos, tres, veinte, miles, sin la idea de unidad? Este libro desea cuestionar la idea de sujeto o partir desde esa fábula hasta alcanzar un punto en el que ya no sea posible el regreso.
  • DESOLACIÓN La bruma espesa, eterna, para que olvide dónde me ha arrojado la mar en su ola de salmuera. La tierra a la que vine no tiene primavera: tiene su noche larga que cual madre me esconde. El viento hace a mi casa su ronda de sollozos y de alarido, y quiebra, como un cristal, mi grito. Y en la llanura blanca, de horizonte infinito, miro morir inmensos ocasos dolorosos. ¿A quién podrá llamar la que hasta aquí ha venido si más lejos que ella sólo fueron los muertos? ¡Tan sólo ellos contemplan un mar callado y yerto crecer entre sus brazos y los brazos queridos! Los barcos, cuyas velas blanquean en el puerto vienen de tierras donde no están los que son míos; sus hombres de ojos claros no conocen mis ríos y traen frutos pálidos, sin la luz de mis huertos. Y la interrogación que sube a mi garganta al mirarlos pasar, me desciende, vencida: hablan extrañas lenguas y no la conmovida lengua que en tierras de oro mi vieja madre canta. Miro bajar la nieve como el polvo en la huesa; miro crecer la niebla como el horizonte, y por no enloquecer no cuento los instantes, porque la noche larga ahora tan sólo empieza. Miro el llano extasiado y recojo su duelo, que vine para ver los paisajes mortales. La nieve es el semblante que asoma a mis cristales: ¡siempre será su albura bajando de los cielos! Siempre ella, silenciosa, como la gran mirada de Dios sobre mí; siempre su azahar sobre mi casa; siempre, como el Destino que ni mengua ni pasa, descenderá a cubrirme, terrible y extasiada.
  • Inconformidad no es estado de infelicidad como la insatisfacción. Si la insatisfacción se queja por el mundo que tenemos o por algo que la vida no nos da, inconformidad insiste como deseo que se suelta de lo existente. El deseo llega de visita a las formas, las habita, atraviesa sus extensiones, pero no quiere quedar atrapado en ellas. En la insatisfacción, el deseo (enredado) se levanta de mal humor pierde sus mejores horas en quehaceres de mantenimiento de las formas, contrae obligaciones, se vuelve demandante de todo y termina convencido de que la vida le debe satisfacción Inconformidad no es reacción del alma frustrada. No deviene del desencanto ni deriva de la desilusión. Frustración, desencanto, desilusión, son reclamos de la conformidad decepcionada. La decepción es venganza de creyentes que sienten sus expectativas estafadas. Inconformidad respira un aliento sin fin, un movimiento en el que el deseo se inspira y se disuelve en el aire.
  • Consignas

    $ 17.000
    Consignas puede ser presentado como un pequeño índice lexical con que abordar la geografía de una lengua en crisis, como una especie de esbozo inconcluso del abecedario político y cultural de la izquierda y del tiempo presente. La orden dictada por la consigna es la de la intervención, la de un poder o fuerza performativa que se pone en movimiento en cada declaración, en cada acto de existencia. Consignas pone en movimiento una “conversación’/ una especie de “confrontación amistosa” que no termina de decidirse sobre el destino de lo puesto en movimiento.Tanteos, movimientos en zigzag, negaciones, caracterizan un intercambio intelectual que desconfía de las geografías heredadas y de los estados de la lengua marxista. Tras la segmentariedad de la línea zigza-geante es posible observar un común movimiento de reflexión. Oscar Ariel Cabezas y Miguel Valderrama sobrehilan los movimientos de esta conversación. La guía de viajes, el pequeño índice lexical o el abecedario político sirven aquí como excusa o justificación al libre despliegue de un patrón de pensamiento, a la simetría de un trazo que no pertenece ni a uno ni a otro interlocutor.
  • El libro, un álbum de sombras, esboza una caracterización del nihilismo y tantea usos del silencio en un campo en el cual ética y estética son uno y lo mismo (Ludwig Wittgenstein). Entendiendo la estética como una reflexión acerca de la sensibilidad, se focaliza la problemática de la indiferencia y su tejido de sentidos políticos y morales, haciendo referencia a exterminios contemporáneos, en especial la desaparición de personas en la Argentina, y diversas formas de humillación institucional. Luego de analizar los modos de presentación del nihilismo en el derecho, aun en la "cultura de los derechos humanos'/ y los fenómenos de cristalización de la memoria de un pasado de exterminio, el estudio se centra en la problemática de la atención. Atención y silencio cálido (Simone Weil) se sostienen como condiciones prioritarias para evitar la reificación y el embotamiento, la buro-crátización de la memoria y el empobrecimiento de la experiencia que provocan actos de crueldad y la continuidad de exclusiones y aniquilaciones. La cultura de la memoria, cuyo prisma es el pasado, puede mantenerse alejada de los exterminios e imposiciones de dolor y humillación del presente, de las nuevas víctimas que se convierten en tales bajo condiciones sensibles que las tornan ocultas, no sentidas.
  • La filosofía de Heidegger es un lugar de quiebre, el punto en el que el pensamiento experimenta su tragedia extrema y sin embargo es capaz de sobreponerse a ella. En cuanto punto de ruptura, podemos encontrar en la obra de Heidegger “momentos políticos” no subordinados, sin embargo, a una tendencia de concreción inmediata. Tal vez lo decisivo está en la meditación de la técnica, que promueve “efectos políticos” de importancia justamente por haber eludido una implicación directamente política. ¿Hay un “impolítico” heideggeriano? ¿El conjunto a-político / político –el intento de conversión en términos políticos de la tradición espiritual alemana en el ‘33– no es desplazado, en el último Heidegger, por lo impolítico en tanto deconstrucción de la política como valor (y a la vez como aspecto central de la técnica), sin retorno posible, sin embargo, a las antiguas tablas de la Kultur; sin referencia posible a los valores de lo a-político o bien, más precisamente, al “espíritu”?
  • ¿Cómo escribir sobre aquello que no se puede capturar por medio de la palabra? Transcribir una imagen fílmica sería como trasladar una obra pictórica al lenguaje musical: una pretensión, en definitiva, impracticable. Sin embargo, la crítica de cine implica vivir entre lenguas. A partir del cruce entre feminismo, enfoques de género y estudios visuales, los ensayos que componen este libro exploran las relaciones entre poder y espacio, arquitectura y afectos, corporalidad y actuación, errancia y capitalismo, arte y comunidad. Con la mirada puesta en cinco películas latinoamericanas contemporáneas, se indagan ciertas posiciones del deseo que desplazan los confines de los géneros y las sexualidades.
  • Postsoberanía. Literatura, política y trabajo nos lleva un paso más allá en la búsqueda de lo que Foucault llamó una ontología del presente. En un diálogo implícito con recientes desarrollos que exploran el lugar de la cultura, la post-hegemonía, la razón imperial o, lo que refiriéndose a la hegemonía del capital, Cabezas denomina postsoberanía, el autor demuestra con brillo y contundencia que la ligazón soberana ha sido la fundación última de nuestro presente. Y si bien ese presente hoy se resquebraja bajo nuestros pies, este libro nos recuerda que otras modalidades de existencia estuvieron desde siempre socavando su autoridad. Tres de estas modalidades aparecen ejemplarmente articuladas en su implicación de una historia a la vez universal y latinoamericana bajo los nombres de literatura, política y trabajo.
  • Entre 1980 y 1982 el filósofo Patricio Marchant elabora un proyecto de libro a propósito de la fotografía, que surge en medio de su obra más destacada (Sobre Árboles y Madres [1984]) y de un aparentemente silencioso trabajo en torno al vínculo entre escritura, hispanismo y judaísmo. Esta inflexión se puede rastrear en textos que Marchant publicará durante los años 80, no obstante el proyecto en torno a la foto –recogido aquí a partir de material de archivo inédito–, ha debido permanecer menos reconocible en su alcance programático. Siendo algo más que un libro sobre la fotografía como arte, se juega en él la exploración de una escritura deconstructiva que abarca varias de las problemáticas confrontadas por el autor en distintos momentos: la situación de los legados testamentarios y la muerte de la madre, el trabajo con las relaciones personales y con los nombres, la crítica al logocentrismo y la guardia de lo contemplado, las intrigas del inconsciente y el don de la separación, entre otras.
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