Catálogo

  • Teología del capital encara una genealogía de la economía en su dimensión religiosa, poniendo de manifiesto los orígenes de orden teológico o religioso que fundan categorías económicas que hoy se consideran como objetos racionales y naturalizados. Se trata en este libro de mostrar cómo las diferentes categorías de la economía política adoptan su fuente en categorías religiosas o teológicas. Así, en cada una de ellas, a saber, el mercado, la moneda, el interés, la contabilidad, la propiedad, el trabajo o la técnica, se intenta comprender cómo se transformaron en una relación de contradicción con el proceso de secularización.
  • “…Hay que leer a Hegel mientras, acompañándolas, describe las curvas del movimiento espiritual y -por así decirlo- acompaña con el oído especulativo a los pensamientos, como si fuesen notas” (Adorno). ¿Cómo leer con la compañía de este oído especulativo? ¿Ese oído especulativo que abriría la filosofía hegeliana, y que implicaría estar atento a la huella que deja la singularidad de cada paso, corriendo incluso el riesgo, como dice el mismo Adorno, de intentar salvar en el concepto lo que en principio se opone a él? Este oído especulativo, que hace temblar la filosofía de Hegel, reconoce en el elemento de la música la compañía de ‘lo inaprensible e imperecedero’ que empuja al concepto a rastrear cada vez los detalles, bajo él. (…) Antes de toda caricatura hecha de Hegel, ¿no podemos ver en el suyo un texto atento a los detalles de su propia escucha? O mejor, ¿no podemos oír su escucha, escuchar su escucha quizá, es decir, reconstruir el modo en que la filosofía hegeliana escucha la música?
  • A comienzos de los años 2000, el consenso de Silicon Valley se desmorona. Desigualdades enormes, estancamiento de la productividad, inestabilidad endémica… la nueva economía no ha hecho su aparición. Los algoritmos son omnipresentes, pero eso no significa que el capitalismo se haya civilizado. Por el contrario. La tesis de este libro es que con la digitalización del mundo se produce una gran regresión. Retorno de los monopolios, dependencia de los sujetos a las plataformas, confusión de la distinción entre lo económico y lo político: las mutaciones en marcha transforman la calidad de los procesos sociales y dan una nueva actualidad al feudalismo. La obra comienza por proponer una genealogía del consenso de Silicon Valley, poniendo de manifiesto las cinco paradojas que lo socavan.
  • Los problemas inherentes al modelo republicano tradicional parecen agravarse para una América Latina inmersa en la globalización financiera y sus diversos mecanismos de acumulación, dejando en evidencia que las formas históricas de organización de la sociedad han quedado subsumidas al proceso de valoración capitalista, exponencialmente competitivo y globalmente articulado. La producción capitalista que ha sido históricamente destructiva se muestra ahora, a diferencia del siglo XIX y gran parte del XX, como un proceso sin mediaciones ni contrapesos, cuestión que desoculta los secretos del viejo orden liberal: la complicidad entre guerra y acumulación moderna; el estado de excepción como regla de un derecho que se auto-inmuniza de la violencia subalterna (de la vida precaria), inoculando en ella la violencia mítica de la ley; el pacto social como garante de la propiedad y los privilegios del hombre privado, pero no sólo del hombre abstracto que Marx criticó como límite del imaginario burgués, sino de las corporaciones como instancias transnacionales de derecho privado que monopolizan la condición soberana de la excepción.
  • Mucho antes de la afirmación de los feminismos “post-humanistas”, Beauvoir advertía sobre la estrecha vinculación entre la humanidad y lo masculino: “la humanidad es masculina y el hombre define a la mujer”. Advertencia crítica que no hace sino ahondar en una ya antigua querella: el feminismo no es una “comunidad de mujeres”. O, dicho en otras palabras, el feminismo no es un humanismo. Lejos de las corrientes utilitarias, que señalan que el feminismo siempre ha sido una forma política para la consecución de ciertos fines prácticos que calzan plenamente con la idea de “individuo” de la tradición liberal, el feminismo busca la transformación de la política moderna y no su adecuación.
  • Las nociones de “humano” y de “sujeto” con las que operan las “humanidades” están en cuestión y crisis desde hace mucho tiempo. No solo la idea de la muerte de Dios, es decir, de todo principio arkhico fundacional, incluido el sujeto, ha puesto en jaque a la filosofía desde la segunda mitad del siglo XIX, sino que con el avance de la revolución industrial un fantasma comenzó a asediar a las humanidades, el fantasma de lo maquínico. Si consideramos que la noción de “humano” se gesta básicamente a partir de la exclusión, diferencia, límite con lo animal, podríamos señalar que, en la época de lo posthumano, reaparecen y nos revisitan los fantasmas de la máquina y de lo animal.
  • Cuando el siglo pasado tocaba a su fin y se aguardaba la llegada de un nuevo milenio, Jacques Derrida denunciaba que un acto de denegación estaba en curso: aquel que pretendía neutralizar la necesidad espectral. Este brillante libro de Gabi Balcarce surge de la exigencia crítica, es decir, también deconstructiva y responsable, de pensar la espectralidad junto a la hospitalidad en una coyuntura histórica que ya no es la de Derrida sino la de un milenio que apuesta por un posthumanismo para la filosofía y la política del ser-con-otrxs. Dos desafíos que se presentan, entonces, en una convergencia. Por un lado, estudiar la espectralidad, distinta del tradicional Espíritu reivindicado por la tradición metafísica, en la obra de Derrida, significa cuestionar todos los naturalismos y dar lugar a la plasticidad de un concepto que permite desmontar la primacía de lo humano.
  • ¿Qué sucede con el pensar cuando se ha puesto a la naturaleza al borde del colapso y la sociedad se halla en el abismo de la desigualdad? El pensamiento crítico es interpelado ¿Cesó su potencia, esa capacidad de intervenir, de hacer venir lo que remedia? Aparece, subsiste como débil potencia entre los débiles, perdura bajo el peso de la facticidad, con frustraciones sin cicatrizar. Aun así, en esta atmósfera tóxica, busca aire fresco, alienta la búsqueda. Mientras todo prosigue hacia lo peor. Al parecer, no hay crítica capaz de torcer esa dirección. Se ratifica la devastación. Hasta los mandatos se ratifican. Has de cambiar la vida. Has de transformar al mundo. Pero la vida se encuentra dañada. Y la naturaleza arde.
  • Traducir es caminar sobre una cuerda floja, apostar a la posibilidad de mantenerse en pie, y hasta con cierta elegancia, cuando todo nos empuja hacia uno u otro lado de la cuerda. Esa cuerda es la frontera imaginaria que, sin remedio, tenemos que suponer como línea divisoria entre las lenguas. De hecho, tal frontera no existe. Las lenguas suenan, resuenan, están en el aire en cuanto soporte de las voces humanas. Por más que pasen al escrito y se vuelvan objetos de lectura, su naturaleza primera no se pierde: al estar en el aire, se cruzan y superponen y entremezclan sin la más mínima prudencia. Pues esas voces hablan incontables lenguas distintas.
  • El ensayo de Oscar del Barco, “¿Era Lenin un perverso?” (1980) es el texto más escandoloso para la izquierda tradicional y conservadora que pueda haberse atrevido a publicar un filósofo latinoamericano contra Lenin. Del Barco es uno de los principales filósofos de América Latina. Su extraordinaria eficacia reconstruye la historia y el pensamiento del líder bolchevique para abandonar el programa ilustrado y de desarrollismo tecnológico que dio nacimiento a la URSS. Este libro busca contextualizar la crítica «heideggeriana» o crítica-destructiva contra Lenin en la década de 1980.
  • Leer a Freud supone una operación que no deja por fuera a quien realiza esa acción. Nadie puede leerlo con una objetividad tan extrema como para poder decir qué está bien o qué está mal en su obra. A menos que quiera dejar de llamarse psicoanalista. En este libro vamos a encontrar una lectura, que los autores llevaron adelante a partir de problemas específicos de la práctica del psicoanálisis. El modo en que conversan con los textos en busca de detalles, de lo que está entre líneas, de la relación implícita, es apasionante. Un psicoanalista es un lector de la letra, jamás un lector literal. Este es un libro freudiano, que no se contenta con citar a Freud.
  • Nanofundios

    $ 23.000
    La unidad de este libro está dada por el hecho de que cada capítulo es el germen de un libro en sí. Son gérmenes desplegados en una forma coral que discuten, precisamente, la idea de unidad que supo ser costumbre en los diversos productos de la industria cultural del siglo XX hasta que llegaron las actuales plataformas de streaming.  
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