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Los artículos que se reúnen en este volumen tratan la problemática de la violencia estructural en el tratamiento de humanos y animales. La idea de que nos podemos apropiar de otras formas de vida supone un modo de consideración de lo humano desde la subjetividad moderna, y el modelo propietario soberano del existente humano, con derecho de vida y de muerte sobre todo lo que es. Desplazado ese derecho sobre la vida de otro existente humano al gobernante en la constitución de la sociedad civil, el propietario se sigue arrogando el derecho sobre la vida de aquellas formas de vida que considera inferiores (mujeres, niños, animales) y naturalizando que esas vidas son pensables en términos de capital. Frente a las vidas apropiadas de forma natural, sentimos, presentimos, sabemos que la vida (de los otros) es inapropiable, extraña, respetable en su vulnerabilidad y fragilidad. -
Bitcoin es una tecnología, antes que económica o financiera, profundamente política: es el sueño de Marx vuelto realidad. Protocolo de intercambio de informaciones perfectamente transparente (cada quien posee el registro sobre el cual las informaciones se escriben), descentralizado (nadie tiene su control) y, sin embargo, infalsificable (validado mediante pruebas de trabajo), indescifrable (las informaciones están encriptadas) e inviolable (la integridad de la cadena se verifica constantemente), Bitcoin permite producir consenso de manera descentralizada. -
La noción de Ley está siempre en una situación paradojal: sus presupuestos son puestos en duda constantemente, pero la Ley sigue imperando. Massimo Cacciari atraviesa en este libro diversos ámbitos del pensar contemporáneo en los que la noción de Ley muestra ese carácter paradójico: desde el ámbito jurídico (Schmitt) al matemático (Brouwer); desde la pintura (Malevic, Klee, Mondrian) a la reflexión sobre la actividad artística (Florenskij); desde el ejercicio literario (Kafka) al pensamiento filosófico (Rosenzweig). -
Cuatro escenas compones este libro, todas ellas consagradas a Wagner. Las dos primeras (Baudelaire, Mallarmé), tienen lugar en una secuencia histórica enmarcada por la guerra del 70 y la Comuna, donde se anuncia —y se prefigura— el desencadenamiento mundial de las naciones y de las clases. Las otras dos (Heidegger, Adorno), en el siglo veinte, se dan mientras ciertos efectos del wagnerismo, que no son solo ideológicos, se hacen sentir y cuando la confusión de lo “nacional” y de lo “social” parece solidificarse en una configuración política monstruosamente inédita. En los dos casos, el arte y la política actúan en conjunto, pero no bajo la forma de una política del arte, ni mucho menos bajo aquella de un arte de la política. Se trata, con mayor seriedad, de la estetización —de la figuración— de lo político. Estas cuatro escenas enmarcan y contribuyen tal vez a comprender la “verdadera escena”, ese acontecimiento filosófico sin duda importante: aquella que sanciona la ruptura de Nietzsche con Wagner. -
Los problemas inherentes al modelo republicano tradicional parecen agravarse para una América Latina inmersa en la globalización financiera y sus diversos mecanismos de acumulación, dejando en evidencia que las formas históricas de organización de la sociedad han quedado subsumidas al proceso de valoración capitalista, exponencialmente competitivo y globalmente articulado. La producción capitalista que ha sido históricamente destructiva se muestra ahora, a diferencia del siglo XIX y gran parte del XX, como un proceso sin mediaciones ni contrapesos, cuestión que desoculta los secretos del viejo orden liberal: la complicidad entre guerra y acumulación moderna; el estado de excepción como regla de un derecho que se auto-inmuniza de la violencia subalterna (de la vida precaria), inoculando en ella la violencia mítica de la ley; el pacto social como garante de la propiedad y los privilegios del hombre privado, pero no sólo del hombre abstracto que Marx criticó como límite del imaginario burgués, sino de las corporaciones como instancias transnacionales de derecho privado que monopolizan la condición soberana de la excepción. -
Teología del capital encara una genealogía de la economía en su dimensión religiosa, poniendo de manifiesto los orígenes de orden teológico o religioso que fundan categorías económicas que hoy se consideran como objetos racionales y naturalizados. Se trata en este libro de mostrar cómo las diferentes categorías de la economía política adoptan su fuente en categorías religiosas o teológicas. Así, en cada una de ellas, a saber, el mercado, la moneda, el interés, la contabilidad, la propiedad, el trabajo o la técnica, se intenta comprender cómo se transformaron en una relación de contradicción con el proceso de secularización. -
Vivimos en un mundo que ha hecho de la ley el marco que define lo que es pensable e impensable, decible e indecible, posible e imposible en él. Sin la ley, sin el pensamiento que la acompaña y que instaura el deber como categoría cardinal del pensamiento y la acción, no habría para nosotros necesidad alguna. Sin embargo, muchas tradiciones y muchos pueblos han vivido sin esta exigencia, o han vivido plegándola en direcciones inauditas, extrañas, inusuales, incompatibles con las lecciones que Occidente ha extraído de ella. -
¿Por qué es importante concentrarse en el fenómeno de hacer cosas sin palabras? Por supuesto, podemos hacer cosas con palabras: los matrimonios, los bautismos, las declaraciones de culpabilidad emitidas por un juez, son ejemplos concretos de esa performatividad. Los enunciados lingüísticos no sólo sirven para constatar hechos del mundo, sino también para realizar cosas en él. Pero la performatividad entendida como mera realización material también opera en el ámbito de los materiales silentes. De hecho, esta performatividad precede históricamente a la lingüística, al menos si aceptamos que primero hubo oxidación y cristalización, y luego contratos bilaterales, sonetos y teorías sociales. -
Los griegos, que habían reconocido muy temprano la prioridad de la metamorfosis sobre el ser, dieron a la inteligencia el nombre de metis antes de llamarla logos, atribuyendo a la astucia preeminencia sobre la razón. Metis tiene por emblemas al pulpo y al zorro, y presenta cuatro rasgos característicos: la capacidad de volver el juego del enemigo contra este mismo, de esperar el momento oportuno, de desplegar múltiples giros, de ocultarse detrás de las máscaras. Todos esos rasgos se relacionan con el poder de la metamorfosis. En la época moderna, la inteligencia conserva una parte esencial de ese poder, y constituye definitivamente la parte metamórfica, estratégica de lo viviente, lo que hace imposible su domesticación ontológica. -
La unidad de este libro está dada por el hecho de que cada capítulo es el germen de un libro en sí. Son gérmenes desplegados en una forma coral que discuten, precisamente, la idea de unidad que supo ser costumbre en los diversos productos de la industria cultural del siglo XX hasta que llegaron las actuales plataformas de streaming.