Catálogo

  • Cada día que pasa, sentimos que peligra más y más la vida de los vivientes en este mundo: cambio climático, sequías, erosión de los suelos por monocultivos, uso de sustancias pesticidas tóxicas para todo tipo de vida, comunidades (humanas, animales, vegetales) que son desplazadas desde sus lugares de habitación por emprendimientos industriales, tala de bosques, uso de terrenos para cría de animales de producción, etc. Las comunidades (de los) vivientes están constantemente amenazadas porque uno de los modos de lo viviente (lo humano) se asentó sobre la faz de la tierra desde la creencia de ser dueño y señor de todo el resto. Nos corresponde, desde la filosofía, la tarea de pensar esa comunidad (que somos) con todos los vivientes. Así lo hacen, a lo largo de estas páginas, Sebastián Chun, Gabriela Balcarce, Idoia Quintana Domínguez, Mónica B. Cragnolini, María Luisa Pfeiffer, Juan Pablo Sabino, Hernán J. Candiloro, Guadalupe Lucero y Paula Fleisner.
  • A través de un intenso y sutil diálogo con su nieta Zohra, Jean Ziegler sostiene en este libro que el capitalismo –y el orden caníbal que este impuso sobre el planeta– tiene que ser destruido. Ni mejorado ni retocado, sino que radicalmente destruido para que sea posible inventar una nueva organización social y económica del mundo.
  • Si la percepción es un tamiz, ¿qué decir de lo que pasa a través de sus redes, qué decir de lo que se le escapa? ¿Qué queda entonces de las percepciones no calificadas, de las sensaciones desvanecidas, de las cosas que apenas anotamos, apenas esbozamos? ¿Cuáles son sus influencias, sus acciones en nosotros? ¿Dónde se alojan los miedos nocturnos inexpresables, los horrores agazapados tras los ojos cerrados y la epifanía vivida por Chandos ante la visión de una regadera olvidada junto a un árbol? ¿Qué economía subterránea se trama más acá de lo que hace mundo? ¿Qué hay, finalmente, del mundo más acá del lenguaje? ¿Qué hay del infra-mundo? […] El infra-mundo es el ambiente de las sensaciones no objetivadas, de las impresiones inconscientes, de los acontecimientos que apenas notamos, o que no notamos lo suficiente como para recordarlos. Los territorios recubiertos por lo sensible son vastos. Su administración es riesgosa, precaria. Lo sensible no es, sin embargo, asimilable a su formulación. En la resistencia de las formulaciones de lo sensible perdura el infra-mundo. En efecto, toda sensación esconde un impresentable que no es, sin embargo, neutralizado por la percepción, algo que solo está enmascarado. Así, el espacio sensible no es reductible al espacio de representación.
  • Este libro pone en escena ciertos modos de funcionamiento de los regímenes de visibilización y de imaginación que modelan a los cuerpos, a sus modos de relacionarse y de aparecer en la cultura, terreno donde, como sabemos, se (re)elaboran las biopolíticas que le dan forma a lo que en la matriz heterosexual se reconoce como “vida vivible” o, incluso, sencillamente, como “vida” o “humanidad.”
  • Trump, Putin, Le Pen, Orbán, Netanyahu, Meloni, Milei o Modi… Una nueva internacional fascista se despliega con fuerza. Por más ultranacionalistas que sean, sus figuras dialogan entre sí, sus estrategias y teorías circulan, inoculando el veneno de una internacional del odio. En La nueva internacional fascista, Ugo Palheta descifra las lógicas globales de un neofascismo atravesado por la obsesión identitaria, el odio a la igualdad y el culto al orden. Analiza las alianzas transnacionales, el rol de los mecenas –Estados, élites económicas–, el auge de las ideologías masculinistas y conspiracionistas, y las fuerzas de atracción de este proyecto autoritario.
  • La posibilidad de anudar máquina y archivo a través del acopio de imágenes no es algo inverosímil, menos aún si ello se encuentra bajo un pensamiento de la destrucción y el documento, de la barbarie y la cultura. La tradición maquínica se vuelve aún más pertinente si anudamos el medium, que es el origen de la máquina o el motor que le da su energía, con el futuro del arkhé, que busca el domicilio y la preservación del saber en el archivo. De ahí que el afán destructivo ingrese en aquella paradoja que junto con proveer conocimiento arrasa también con su preservación: la máquina es aquí la energía que moviliza toda acción, la potencia, acaso la dinámica del torrente en el sentido clásico, que hace del archivo un fin, un lugar donde llegar para asegurar el saber, a la vez que un espacio político que es necesario devastar; en ello consiste pues toda batalla cultural.
  • Leer a Freud supone una operación que no deja por fuera a quien realiza esa acción. Nadie puede leerlo con una objetividad tan extrema como para poder decir qué está bien o qué está mal en su obra. A menos que quiera dejar de llamarse psicoanalista. En este libro vamos a encontrar una lectura, que los autores llevaron adelante a partir de problemas específicos de la práctica del psicoanálisis. El modo en que conversan con los textos en busca de detalles, de lo que está entre líneas, de la relación implícita, es apasionante. Un psicoanalista es un lector de la letra, jamás un lector literal. Este es un libro freudiano, que no se contenta con citar a Freud.
  • El ensayo de Oscar del Barco, “¿Era Lenin un perverso?” (1980) es el texto más escandoloso para la izquierda tradicional y conservadora que pueda haberse atrevido a publicar un filósofo latinoamericano contra Lenin. Del Barco es uno de los principales filósofos de América Latina. Su extraordinaria eficacia reconstruye la historia y el pensamiento del líder bolchevique para abandonar el programa ilustrado y de desarrollismo tecnológico que dio nacimiento a la URSS. Este libro busca contextualizar la crítica «heideggeriana» o crítica-destructiva contra Lenin en la década de 1980.
  • Traducir es caminar sobre una cuerda floja, apostar a la posibilidad de mantenerse en pie, y hasta con cierta elegancia, cuando todo nos empuja hacia uno u otro lado de la cuerda. Esa cuerda es la frontera imaginaria que, sin remedio, tenemos que suponer como línea divisoria entre las lenguas. De hecho, tal frontera no existe. Las lenguas suenan, resuenan, están en el aire en cuanto soporte de las voces humanas. Por más que pasen al escrito y se vuelvan objetos de lectura, su naturaleza primera no se pierde: al estar en el aire, se cruzan y superponen y entremezclan sin la más mínima prudencia. Pues esas voces hablan incontables lenguas distintas.
  • ¿Qué sucede con el pensar cuando se ha puesto a la naturaleza al borde del colapso y la sociedad se halla en el abismo de la desigualdad? El pensamiento crítico es interpelado ¿Cesó su potencia, esa capacidad de intervenir, de hacer venir lo que remedia? Aparece, subsiste como débil potencia entre los débiles, perdura bajo el peso de la facticidad, con frustraciones sin cicatrizar. Aun así, en esta atmósfera tóxica, busca aire fresco, alienta la búsqueda. Mientras todo prosigue hacia lo peor. Al parecer, no hay crítica capaz de torcer esa dirección. Se ratifica la devastación. Hasta los mandatos se ratifican. Has de cambiar la vida. Has de transformar al mundo. Pero la vida se encuentra dañada. Y la naturaleza arde.
  • Cuando el siglo pasado tocaba a su fin y se aguardaba la llegada de un nuevo milenio, Jacques Derrida denunciaba que un acto de denegación estaba en curso: aquel que pretendía neutralizar la necesidad espectral. Este brillante libro de Gabi Balcarce surge de la exigencia crítica, es decir, también deconstructiva y responsable, de pensar la espectralidad junto a la hospitalidad en una coyuntura histórica que ya no es la de Derrida sino la de un milenio que apuesta por un posthumanismo para la filosofía y la política del ser-con-otrxs. Dos desafíos que se presentan, entonces, en una convergencia. Por un lado, estudiar la espectralidad, distinta del tradicional Espíritu reivindicado por la tradición metafísica, en la obra de Derrida, significa cuestionar todos los naturalismos y dar lugar a la plasticidad de un concepto que permite desmontar la primacía de lo humano.
  • “…Hay que leer a Hegel mientras, acompañándolas, describe las curvas del movimiento espiritual y -por así decirlo- acompaña con el oído especulativo a los pensamientos, como si fuesen notas” (Adorno). ¿Cómo leer con la compañía de este oído especulativo? ¿Ese oído especulativo que abriría la filosofía hegeliana, y que implicaría estar atento a la huella que deja la singularidad de cada paso, corriendo incluso el riesgo, como dice el mismo Adorno, de intentar salvar en el concepto lo que en principio se opone a él? Este oído especulativo, que hace temblar la filosofía de Hegel, reconoce en el elemento de la música la compañía de ‘lo inaprensible e imperecedero’ que empuja al concepto a rastrear cada vez los detalles, bajo él. (…) Antes de toda caricatura hecha de Hegel, ¿no podemos ver en el suyo un texto atento a los detalles de su propia escucha? O mejor, ¿no podemos oír su escucha, escuchar su escucha quizá, es decir, reconstruir el modo en que la filosofía hegeliana escucha la música?
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