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La posibilidad de anudar máquina y archivo a través del acopio de imágenes no es algo inverosímil, menos aún si ello se encuentra bajo un pensamiento de la destrucción y el documento, de la barbarie y la cultura. La tradición maquínica se vuelve aún más pertinente si anudamos el medium, que es el origen de la máquina o el motor que le da su energía, con el futuro del arkhé, que busca el domicilio y la preservación del saber en el archivo. De ahí que el afán destructivo ingrese en aquella paradoja que junto con proveer conocimiento arrasa también con su preservación: la máquina es aquí la energía que moviliza toda acción, la potencia, acaso la dinámica del torrente en el sentido clásico, que hace del archivo un fin, un lugar donde llegar para asegurar el saber, a la vez que un espacio político que es necesario devastar; en ello consiste pues toda batalla cultural. -
En este ensayo, Zineb Fahsi –profesora y practicante de yoga–, lleva a cabo una crítica al yoga contemporáneo. ¿Cómo esta práctica meditativa antigua, desarrollada por pequeños grupos marginales en la sociedad india a mediados del primer milenio antes de nuestra era, cuyo objetivo era liberar el alma humana del ciclo de los renacimientos (samsara), se ha propagado por Occidente llegando a transformarse en una perfecta herramienta de despolitización al servicio del capitalismo en su fase neoliberal? -
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El título “El Porvenir de Hegel” se presenta como una afirmación, como una respuesta, anticipada y positiva, a la pregunta ¿tiene Hegel un porvenir? Esta pregunta se plantea inevitablemente al final de un siglo en cuyo curso el pensamiento filosófico, al mismo tiempo que celebra la grandeza de Hegel y reconoce su deuda con él, se comprometió decididamente en un movimiento de distanciamiento, si no de rechazo, ante la forma que dicho pensamiento juzgaba como totalizante e incluso totalitaria, y que se creía plegada en el idealismo especulativo. Hoy es imposible considerar el porvenir de Hegel como adquirido o reconocido pasivamente. Este porvenir debe él mismo advenir; todavía tiene que ser experimentado y formado. La presente obra intenta abocarse a dicha formación. -
El “anarchivismo” es la pesadilla del orden actual. Los aparatos gubernamentales y la banca internacional, los servicios de inteligencia y las agencias de seguridad, las empresas de software y las compañías transnacionales, los grandes inversores y la ciudadanía dócil, todas ellas, todos ellos, yo mismo, parecemos trazados por el pincel de Goya soñando con la organización político-económica de los registros. -
¿Por qué indicios en lugar de caracteres, signos, marcas distintivas? Porque el cuerpo escapa, nunca está asegurado, se deja presumir pero no identificar. Siempre podría no ser más que parte de otro cuerpo más grande que tomamos por su casa, su coche o su caballo, su asno, su colchón. Podría no ser más que un doble de este otro cuerpo pequeñito y vaporoso que llamamos su alma y que sale de su boca cuando muere. Disponemos solamente de indicaciones, de huellas, de improntas, de vestigios. -
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Estimulado por la reciente, audaz y esperada traducción de Glas (Galilée, 1974) al español Clamor (La Oficina de Artes y Oficios, 2015), Leer con clamor editado por Mauro Senatore y Víctor Ibarra B., es el testimonio de una experiencia extracadémica de dos años, que consistió en reunirse a leer con Derrida. Es posible que Glas sea el último bastión de las vanguardias del siglo xx. Ni filosofía, ni literatura, se trata de un libro que no tiene principio ni fin. Es lo que en la actualidad se llamaría un libro-objeto, que pone en tensión, precisamente, lo que entendemos por una obra, por un autor y por la firma que acompaña cualquier escritura. Esta tensión, la veremos reflejada en las dos columnas que componen Glas, una de Jean Genet y otra de Hegel. En una suerte de espejismo Derrida hará advenir una nuevísima forma de leer en cada autor la flor o clave de su pensamiento.