Catálogo

  • Autorretrato en Patricio Marchant presenta una tesis de archivo, una proposición que busca alterar un orden de lectura, una determinada composición archivológica. Intentando aprehender la cosa Marchant, la causa que estructura su filosofía, ensayando una interrupción de la lógica proposicional que organiza el corpus de su obra, la hipótesis que se adelanta en la figura del tiento observa en la cuestión de la imagen, en lo que las artes visuales donan como cuestión de la imagen, el centro ausente que dispone el gesto filosófico y antifilosófico de la escritura de Marchant. Gesto en que se soporta un movimiento en donde la cosa pareciera sostenerse a sí misma, “hablar por sí misma”, dando lugar a una excitación general, a una indeterminación común a todo acto, a todo intento de representar lo que ahí se expone —mudo o locuaz— ante la mirada.
  • En el eclipse del asombro, en el nihilismo: Aristóteles. Con ese nombre se designa un ánimo, pasiones, perspectivas, búsquedas, expansiones. Se presenta un tejido que sigue a un maestro y disiente con él, que traza síntesis, zurce un mundo, recorre, observa, piensa, experimenta. Se sigue la conmoción de las acciones científicas, artísticas, filosóficas. Se muestra una poética: la eternidad por el cielo; la justicia, la belleza, la verdad por la vida activa.
  • La imaginación narrativa de la lengua del antropoceno es la imaginación del fin del diseño. A pesar de la falta de consenso para determinar el inicio de la época del antropoceno, es posible advertir que la aparición del concepto pone en escena el reconocimiento de un límite. Para el caso latinoamericano ese límite es la imaginación teórica y política que se despliega en el diseño político republicano y democrático a partir del siglo XIX y las formas de la crítica del siglo XX. El diseño de la emancipación tendrá en el dispositivo letrado su artefacto de proyección principal.
  • El “anarchivismo” es la pesadilla del orden actual. Los aparatos gubernamentales y la banca internacional, los servicios de inteligencia y las agencias de seguridad, las empresas de software y las compañías transnacionales, los grandes inversores y la ciudadanía dócil, todas ellas, todos ellos, yo mismo, parecemos trazados por el pincel de Goya soñando con la organización político-económica de los registros.
  • El contacto casi ininterrumpido de niños y adolescenetes con las pantallas genera trastornos de la comunicación y de la atención, dificultades de aprendizaje y de comprensión, provoca angustias y altera profundamente las relaciones familiares y sociales… Apoyándose en el estudio de numerosos casos de todas las edades y medios sociales, la psicóloga Sabine Duflo explica los procesos que conducen a estos diferentes síntomas, comúnmente tratados como enfermedades aunque, en la mayoría de los casos, constituyen respuestas a un entorno en el cual lo digital ha remplazado a lo humano. Duflo propone un método adaptado a cada edad basado en recomendaciones sencillas para combatir la toxicidad de las pantallas.
  • ¿Por qué indicios en lugar de caracteres, signos, marcas distintivas? Porque el cuerpo escapa, nunca está asegurado, se deja presumir pero no identificar. Siempre podría no ser más que parte de otro cuerpo más grande que tomamos por su casa, su coche o su caballo, su asno, su colchón. Podría no ser más que un doble de este otro cuerpo pequeñito y vaporoso que llamamos su alma y que sale de su boca cuando muere. Disponemos solamente de indicaciones, de huellas, de improntas, de vestigios.
  • En tiempos en que la industrialización de nuestros modos de vida no cesa de destruir el medioambiente y la salud de los organismos, ¿cómo pensar en un gobierno democrático de la vida y de los vivos? Esta es la cuestión que afronta “Hay que adaprtarse”. Tras un nuevo imperativo político. “Hay que adaptarse”. Estas palabras se oyen en casi todas partes y en todos los ámbitos de nuestra vida. ¿De dónde viene ese sentimiento confuso, cada vez más opresivo y compartido, de un retraso generalizado, reforzado a su vez por el permanente requerimiento de adaptarse al ritmo de las mutaciones de un mundo complejo? ¿Cómo explicar esa colonización progresiva del campo económico, social y político por el léxico biológico de la evolución? Barbara Stiegler presenta en este libro las prehistorias de la retórica actual, omnipresente en el darwinismo y el liberalismo estadounidense, al tiempo que recupera poderosas resistencias a la retórica de la adaptación a lo largo del siglo XX.
  • ¿Un sujeto?

    $ 20.000
    “…Yo diría hoy que eso a lo que estamos constreñidos a llamar ‘sujeto’, a falta a veces de otro término para designar a un existente singular expuesto al mundo, no ‘es’ nada que pueda tratarse como el sujeto de atribuciones posibles (X es grande, moreno, erudito, orgulloso…) sino que ‘es’ solamente en el movimiento que lo expone al mundo, es decir, a las posibilidades de sentido. […] Dicho de otro modo, lo que adviene es que el existente se deshace de toda pertenencia, asignación y propiedad para enviarse, dirigirse, dedicarse a… nada distinto al hecho mismo de existir, de estar expuesto a rencuentros, a sacudidas, a encadenamientos de sentido. Cada vez es un ‘advenir’, un ‘producirse’ y un ‘jugarse’ en el que seguramente puede reconocerse un ‘sí mismo’ pero solo reconociendo al mismo tiempo que ese ‘sí mismo’ (ese sujeto) se encuentra infinitamente alejado, arrojado detrás y delante, por el choque mismo del ‘advenir’…”
  • En este libro, la filósofa Barbara Stiegler y el historiador Christophe Pébarthe intentan elaborar en conjunto una historia y una filosofía democráticas de la democracia. Para ello, regresan a la raíz de este régimen y destacan su singularidad, con el objetivo de abordar los problemas contemporáneos de la democracia.
  • ¡Al ladron!

    $ 27.000
    ¿Por qué algunos de los filósofos más importantes del siglo XX han elaborado conceptos de anarquía indispensables para comprender la situación contemporánea del pensamiento en materia de ética y política, sin nunca, sin embargo, reconocerse como anarquistas, ni movilizar un verdadero pensamiento del anarquismo, ni conseguir tampoco destituir la lógica de gobierno, a pesar de que adoptaban, contra la imposición de los modelos piramidales, el lenguaje geográfico de la superficie, los pliegues y la derrota de las vistas desde arriba? Como si el anarquismo fuera algo inconfesable, que habría que ocultar aún cuando se le roba lo esencial: la crítica de la dominación y de la lógica de gobierno.
  • En La pulsión de Freud. Psicoanálisis, literatura y cine, Teresa de Lauretis aborda los clásicos conceptos freudianos de inconsciente y sexualidad infantil, para articularlos con la teoría queer y lo que las teóricas feministas han denominado el sistema sexo-género. A partir de la literatura y el cine, sin renunciar nunca a la discusión que se abre con Tres ensayos de teoría sexual (1905) recorrerá las configuraciones de Freud sobre el concepto de pulsión. Este libro renueva la relevancia de la teoría freudiana de las pulsiones sobre el presente a través de expresiones actuales como la extensión biotecnológica de la vida humana, el uso de células-madres, la adopción internacional y cierto auge burgués de los llamados derechos reproductivos. Esto habla tanto del entusiasmo por la vida como, tal vez, de su propio ocaso, expresado también en la guerra global y el genocidio masivo. La especulación freudiana sobre la presencia de las pulsiones de vida y de muerte en la psique y en la sociedad humana como formas de comprender el mundo, adquieren en De Lauretis nuevos significados, que en su revisión de la obra de Djuna Barnes, El bosque de la noche, que teje representaciones sociales sobre el género y la sexualidad, junto a películas como Crash eXistenZ del cineasta David Cronenberg, constituyen una verdadera guía para una nueva mirada a las pulsiones de Freud.
  • El nacimiento del deseo reúne diez ensayos que indagan el vínculo del deseo con la rivalidad, el conflicto y la paranoia. No deseamos lo que queremos, lo que nos conviene, o lo que nos brinda bienestar o felicidad. El deseo se impone por fuera de la voluntad y nos deja en la penosa situación de defendernos de él inútilmente. Pero el deseo es también aquello que pone en movimiento la vida. Y en esa medida, esconde en su seno un enigma: ¿quién pone en movimiento al deseo?
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