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¿Por qué indicios en lugar de caracteres, signos, marcas distintivas? Porque el cuerpo escapa, nunca está asegurado, se deja presumir pero no identificar. Siempre podría no ser más que parte de otro cuerpo más grande que tomamos por su casa, su coche o su caballo, su asno, su colchón. Podría no ser más que un doble de este otro cuerpo pequeñito y vaporoso que llamamos su alma y que sale de su boca cuando muere. Disponemos solamente de indicaciones, de huellas, de improntas, de vestigios. -
En tiempos en que la industrialización de nuestros modos de vida no cesa de destruir el medioambiente y la salud de los organismos, ¿cómo pensar en un gobierno democrático de la vida y de los vivos? Esta es la cuestión que afronta “Hay que adaprtarse”. Tras un nuevo imperativo político. “Hay que adaptarse”. Estas palabras se oyen en casi todas partes y en todos los ámbitos de nuestra vida. ¿De dónde viene ese sentimiento confuso, cada vez más opresivo y compartido, de un retraso generalizado, reforzado a su vez por el permanente requerimiento de adaptarse al ritmo de las mutaciones de un mundo complejo? ¿Cómo explicar esa colonización progresiva del campo económico, social y político por el léxico biológico de la evolución? Barbara Stiegler presenta en este libro las prehistorias de la retórica actual, omnipresente en el darwinismo y el liberalismo estadounidense, al tiempo que recupera poderosas resistencias a la retórica de la adaptación a lo largo del siglo XX. -
“…Yo diría hoy que eso a lo que estamos constreñidos a llamar ‘sujeto’, a falta a veces de otro término para designar a un existente singular expuesto al mundo, no ‘es’ nada que pueda tratarse como el sujeto de atribuciones posibles (X es grande, moreno, erudito, orgulloso…) sino que ‘es’ solamente en el movimiento que lo expone al mundo, es decir, a las posibilidades de sentido. […] Dicho de otro modo, lo que adviene es que el existente se deshace de toda pertenencia, asignación y propiedad para enviarse, dirigirse, dedicarse a… nada distinto al hecho mismo de existir, de estar expuesto a rencuentros, a sacudidas, a encadenamientos de sentido. Cada vez es un ‘advenir’, un ‘producirse’ y un ‘jugarse’ en el que seguramente puede reconocerse un ‘sí mismo’ pero solo reconociendo al mismo tiempo que ese ‘sí mismo’ (ese sujeto) se encuentra infinitamente alejado, arrojado detrás y delante, por el choque mismo del ‘advenir’…” -
En este libro, la filósofa Barbara Stiegler y el historiador Christophe Pébarthe intentan elaborar en conjunto una historia y una filosofía democráticas de la democracia. Para ello, regresan a la raíz de este régimen y destacan su singularidad, con el objetivo de abordar los problemas contemporáneos de la democracia. -
¿Por qué algunos de los filósofos más importantes del siglo XX han elaborado conceptos de anarquía indispensables para comprender la situación contemporánea del pensamiento en materia de ética y política, sin nunca, sin embargo, reconocerse como anarquistas, ni movilizar un verdadero pensamiento del anarquismo, ni conseguir tampoco destituir la lógica de gobierno, a pesar de que adoptaban, contra la imposición de los modelos piramidales, el lenguaje geográfico de la superficie, los pliegues y la derrota de las vistas desde arriba? Como si el anarquismo fuera algo inconfesable, que habría que ocultar aún cuando se le roba lo esencial: la crítica de la dominación y de la lógica de gobierno. -
En La pulsión de Freud. Psicoanálisis, literatura y cine, Teresa de Lauretis aborda los clásicos conceptos freudianos de inconsciente y sexualidad infantil, para articularlos con la teoría queer y lo que las teóricas feministas han denominado el sistema sexo-género. A partir de la literatura y el cine, sin renunciar nunca a la discusión que se abre con Tres ensayos de teoría sexual (1905) recorrerá las configuraciones de Freud sobre el concepto de pulsión. Este libro renueva la relevancia de la teoría freudiana de las pulsiones sobre el presente a través de expresiones actuales como la extensión biotecnológica de la vida humana, el uso de células-madres, la adopción internacional y cierto auge burgués de los llamados derechos reproductivos. Esto habla tanto del entusiasmo por la vida como, tal vez, de su propio ocaso, expresado también en la guerra global y el genocidio masivo. La especulación freudiana sobre la presencia de las pulsiones de vida y de muerte en la psique y en la sociedad humana como formas de comprender el mundo, adquieren en De Lauretis nuevos significados, que en su revisión de la obra de Djuna Barnes, El bosque de la noche, que teje representaciones sociales sobre el género y la sexualidad, junto a películas como Crash y eXistenZ del cineasta David Cronenberg, constituyen una verdadera guía para una nueva mirada a las pulsiones de Freud. -
El nacimiento del deseo reúne diez ensayos que indagan el vínculo del deseo con la rivalidad, el conflicto y la paranoia. No deseamos lo que queremos, lo que nos conviene, o lo que nos brinda bienestar o felicidad. El deseo se impone por fuera de la voluntad y nos deja en la penosa situación de defendernos de él inútilmente. Pero el deseo es también aquello que pone en movimiento la vida. Y en esa medida, esconde en su seno un enigma: ¿quién pone en movimiento al deseo? -
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El tiempo de la lucha reúne escritos de Andrea Cavalletti que corresponden a elaboraciones acabadas de un conjunto de materiales y fragmentos que fueron publicados en Italia durante el intervalo temporal que recorre los acontecimientos de la última pandemia global. Lejos de constituir un fenómeno de naturaleza puramente sanitaria, la pandemia abrió un umbral que hizo estallar las categorías tradicionales con las cuales las humanidades y las ciencias sociales habían intentado interpretar el presente y sus discontinuidades. -
Una ecología de los signos recoge siete ensayos dedicados a interrogar las relaciones entre las configuraciones de los modos de experiencia (artística, vital, corporal) y los modos en los que podemos captar su diferenciación y sus declinaciones. Apoyados por la tradicción que convoca Deleuze, y del lado de nombres como los de Simondon, Guattari o Ruyer, entre otros. Sauvagnargues pareciera construir un trayecto que atraviesa campos, ejes temáticos y problemas, para advertir distintos mundos que coexisten y que son como burbujas de signos que llaman a detenerse sobre ellos y que, forzando a pensar, nos abren de par en par a una comunicación experimental donde se individua lo que somos o llegamos a ser. El punto de partida es la influencia motriz que adquiere el arte en la filosofía deleuziana. Desde la publicación en 1964 de un primer ensayo sobre Proust, donde Deleuze empieza a explorar la literatura, hasta su interés posterior en las artes no discursivas como la pintura, la música o el cine, el filósofo francés traza una trayectoria que se desplaza, así, desde el lenguaje hacia la materia de la percepción y hacia las imágenes y signos de distintas naturalezas.