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Este libro no es solo sobre el fin del mundo como espectáculo tal como ha sido tantas veces escenificado en películas como 2012, El día después de mañana y Terminator. Al analizar éxitos de taquilla que juegan con la aniquilación general y prestar especial atención a películas como Melancolía, Cloverfield, Blade Runner y Doce Monos, Peter Szendy sugiere que, en el género apocalíptico, el cine roe su propio límite. Apocalipsis cine es, al mismo tiempo y con la misma intensidad, el fin del mundo y el fin del cine. Es la consumación y la autoculminación del cine, en la forma del acinema que Lyotard evocara como el horizonte nihilista de la economía del cine. Las innumerables cuentas atrás, las deslumbrantes radiaciones, las congelaciones y las grietas y fisuras sísmicas no son más que otros nombres y pretextos para poner en escena la propia película, con su economía de tiempo y sus rebobinados, sus imágenes sobreexpuestas y sus fundidos a blanco, sus fotogramas congelados y sus retoques digitales. -
La imaginación narrativa de la lengua del antropoceno es la imaginación del fin del diseño. A pesar de la falta de consenso para determinar el inicio de la época del antropoceno, es posible advertir que la aparición del concepto pone en escena el reconocimiento de un límite. Para el caso latinoamericano ese límite es la imaginación teórica y política que se despliega en el diseño político republicano y democrático a partir del siglo XIX y las formas de la crítica del siglo XX. El diseño de la emancipación tendrá en el dispositivo letrado su artefacto de proyección principal. -
El “anarchivismo” es la pesadilla del orden actual. Los aparatos gubernamentales y la banca internacional, los servicios de inteligencia y las agencias de seguridad, las empresas de software y las compañías transnacionales, los grandes inversores y la ciudadanía dócil, todas ellas, todos ellos, yo mismo, parecemos trazados por el pincel de Goya soñando con la organización político-económica de los registros. -
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En este libro se cita una y otra vez al filosofo chileno Patricio Marchant, autor de Árboles y madres (Gato Murr, 1984) y Escritura y temblor (Cuarto propio, 2000). PM (Patricio Marchant / Padre Muerto) es la cifra de una época de catástrofe, muy cercano a la escena artística del CADA en los años 80´, aunque de paso su obra sea precisamente un movimiento de articulación al proceso de recepción nacional del pensamiento de la deconstrucción, de Jacques Derrida. -
El contacto casi ininterrumpido de niños y adolescenetes con las pantallas genera trastornos de la comunicación y de la atención, dificultades de aprendizaje y de comprensión, provoca angustias y altera profundamente las relaciones familiares y sociales… Apoyándose en el estudio de numerosos casos de todas las edades y medios sociales, la psicóloga Sabine Duflo explica los procesos que conducen a estos diferentes síntomas, comúnmente tratados como enfermedades aunque, en la mayoría de los casos, constituyen respuestas a un entorno en el cual lo digital ha remplazado a lo humano. Duflo propone un método adaptado a cada edad basado en recomendaciones sencillas para combatir la toxicidad de las pantallas. -
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El presente libro se gesta a partir de la necesidad de pensar el cuerpo desde una visión múltiple y transdisciplinar (Filosofía, Teoría, Estética, Literatura, Artes Visuales, Artes Mediales, Artes Escénicas). Desde este punto de partida las investigadoras/estudiantes de Doctorado en Filosofía mención Estética y Teoría del Arte, Sofía Arévalo, Carla Motto y Jorge Sánchez, buscan un espacio donde sea posible presentar/reflexionar/discutir las diferentes aristas desde donde el cuerpo acontece, tanto en la esfera académica como en su desarrollo en las prácticas artísticas. -
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La lucha por el aborto en Chile no es nueva, no lo es en su historia de militancias ni como materia de salud pública, no es tampoco una reivindicación propia de las protestas de la última década ni exclusiva de la marea feminista que se ha esparcido por varios lugares del mundo y que en Argentina se ha teñido particularmente de verde, contagiándonos con la fuerza de sus pañuelos. -
¿Por qué indicios en lugar de caracteres, signos, marcas distintivas? Porque el cuerpo escapa, nunca está asegurado, se deja presumir pero no identificar. Siempre podría no ser más que parte de otro cuerpo más grande que tomamos por su casa, su coche o su caballo, su asno, su colchón. Podría no ser más que un doble de este otro cuerpo pequeñito y vaporoso que llamamos su alma y que sale de su boca cuando muere. Disponemos solamente de indicaciones, de huellas, de improntas, de vestigios. -
En tiempos en que la industrialización de nuestros modos de vida no cesa de destruir el medioambiente y la salud de los organismos, ¿cómo pensar en un gobierno democrático de la vida y de los vivos? Esta es la cuestión que afronta “Hay que adaprtarse”. Tras un nuevo imperativo político. “Hay que adaptarse”. Estas palabras se oyen en casi todas partes y en todos los ámbitos de nuestra vida. ¿De dónde viene ese sentimiento confuso, cada vez más opresivo y compartido, de un retraso generalizado, reforzado a su vez por el permanente requerimiento de adaptarse al ritmo de las mutaciones de un mundo complejo? ¿Cómo explicar esa colonización progresiva del campo económico, social y político por el léxico biológico de la evolución? Barbara Stiegler presenta en este libro las prehistorias de la retórica actual, omnipresente en el darwinismo y el liberalismo estadounidense, al tiempo que recupera poderosas resistencias a la retórica de la adaptación a lo largo del siglo XX. -
“…Yo diría hoy que eso a lo que estamos constreñidos a llamar ‘sujeto’, a falta a veces de otro término para designar a un existente singular expuesto al mundo, no ‘es’ nada que pueda tratarse como el sujeto de atribuciones posibles (X es grande, moreno, erudito, orgulloso…) sino que ‘es’ solamente en el movimiento que lo expone al mundo, es decir, a las posibilidades de sentido. […] Dicho de otro modo, lo que adviene es que el existente se deshace de toda pertenencia, asignación y propiedad para enviarse, dirigirse, dedicarse a… nada distinto al hecho mismo de existir, de estar expuesto a rencuentros, a sacudidas, a encadenamientos de sentido. Cada vez es un ‘advenir’, un ‘producirse’ y un ‘jugarse’ en el que seguramente puede reconocerse un ‘sí mismo’ pero solo reconociendo al mismo tiempo que ese ‘sí mismo’ (ese sujeto) se encuentra infinitamente alejado, arrojado detrás y delante, por el choque mismo del ‘advenir’…” -
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¿Qué hacer? surge de un borrador inédito de Althusser, escrito para discutir el pensamiento político de Gramsci, convertido en el pensador insignia del eurocomunismo a mediados de la década de 1970. La discusión se enmarca bajo el auspicio de la pregunta política: ¿qué hacer? La pregunta trasunta una inquietud que permite tocar todos los hilos de la coyuntura, desde la manera en la que se puede auscultar la conciencia de clase de un grupo de trabajadores de la industria automovilística —quienes sintomáticamente “saben más (o menos) de lo que creen saber” y “no saben que lo saben”— hasta precisiones indispensables sobre la teoría marxista como herramienta para conocer una realidad que no está contenida o anticipada en la misma, sino que debe desarrollarse por medio de un “análisis concreto de la situación concreta”, es decir, que en virtud de la transformación incesante de ese concreto que quiere conocerse, este debe volver a ser analizado en cada caso.